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Bases para la Prevención de la Dominancia en Cachorros. Imprimir

Angel López Esteve - C.V. Piornos

Departamento de etología

 

 

El perro es un animal social y sociable, esto quiere decir que no sólo vive en grupo, si no que necesita vivir en sociedad. El perro desciende del lobo y muchas de sus características sociales son una evolución de su antepasado salvaje, de modo que nos valemos del estudio de lobos en libertad para extrapolar el comportamiento de nuestras mascotas.

 

El mundo del perro es una sociedad altamente jerarquizada, esto es, algo parecido a un ejército (lo cual es lógico si pensamos que su ancestro salvaje necesitaba esta estructura social para la caza en grupo). En esta sociedad perruna es imprescindible que algunos miembros de la manada sean los que mandan, a ellos les llamaremos dominantes, y otros los que obedezcan, los que llamaremos sumisos. Nuestro perro va a ser igual de feliz tanto si es el dominante como si es el más sumiso, lo único imprescindible para su equilibrio psíquico y emocional es que algún miembro de su manada, en nuestro caso de su familia, mande. Pues bien, si en casa no conseguimos enseñarle que nosotros somos los que mandamos él se verá obligado a tomar las riendas, en caso de que suceda así nos enfrentaremos a un perro dominante, que posteriormente pasará a ser agresivo, puesto que cuando hagamos algo que él considere que no es correcto nos reñirá a su modo que no es otro que mordiendo.

 

Para enseñar a nuestro cachorro que nosotros somos los dominantes y él no, debemos hacerlo en su idioma. El perro se comunica con sus congéneres y con nosotros, pero al contrario de lo que sucede con la especie humana la carga principal de la comunicación es el lenguaje no-verbal, representando el verbal un porcentaje mínimo de la comunicación. Por tanto debemos comunicarnos con él utilizando este lenguaje, pero nos enfrentamos a un problema, no sabemos hablar ese idioma. En casos graves aprenderemos este tipo de lenguaje, pero para un protocolo preventivo como el presente nos bastará con seguir una política de hechos consumados, lo que quiere decir que si actuamos como si fuéramos los dominantes, el cachorro dará por supuesto que lo somos realmente.


Debemos pues actuar como dominantes, pero para ello debemos saber cómo actúa un perro dominante en su manada y traducir ese modelo de actuación a nuestras acciones cotidianas.

 

En primer lugar debemos saber que la comida en el mundo del perro tiene dos funciones, la primera como alimento, por supuesto, pero también cumple una función social. De este modo sabemos que el orden de acceso a la comida no es aleatorio si no que siempre comen en primer lugar los dominantes y luego los sumisos, es más, mientras los dominantes están comiendo, los sumisos permanecen observando a una distancia prudencial. En casa reproduciremos este esquema de comportamiento, comeremos siempre antes que nuestro perro, si mira hacia nosotros cuando estamos comiendo haremos gestos ostensibles de estar masticando (incluso con la boca abierta) pero sin llamarle ni dirigirnos a él. Nunca le daremos comida de la mesa, si nos pide bastará con ignorarle absolutamente (ni siquiera decirle no) para que en un par de semanas dejé de mendigar comida. Cuando acabemos de comer le pondremos su pienso en el comedero y nunca nos quedaremos a ver como come, si el comedero está en la cocina procuraremos no ponerle la comida cuando nos tengamos quedar fregando los platos o haciendo cualquier otra tarea, ya que el cachorro lo interpretará como que estamos esperando a que termine de comer.

 

En segundo lugar la vigilancia de la manada, la familia en nuestro caso, corresponde siempre al dominante que será el encargado de vigilar la zona de descanso y los puntos de acceso a los refugios. En casa deberemos evitar que él vigile, para ello no le permitiremos dormir en zonas desde las que pueda ver (vigilar, según su concepción del mundo) las puertas, por ejemplo, no debe dormir en un pasillo desde donde pueda vigilar las puertas de los dormitorios y de la calle, tampoco en el salón desde donde vigila la puerta de la calle y tampoco en una zona de nuestro dormitorio desde donde pueda vigilar la puerta del mismo. Si por las noches observamos que no duerme “de un tirón” si no que se despierta varias veces y deambula por la casa, deberemos cortar este comportamiento, por ejemplo obligándole a dormir en un dormitorio con la puerta cerrada.

 

En tercer lugar el contacto físico, la prerrogativa del contacto la tiene el dominante, de este modo si nuestro cachorro viene a pedirnos —exigirnos— caricias, no se las daremos, lo ignoraremos y cuando desista le llamaremos y tras cumplir una orden, le acariciaremos. Es importante pensar, saber y estar convencidos de que lo acariciaremos cuando nosotros, y no él, decidamos.

 

En cuarto lugar, el descanso. Respecto al descanso el mundo del perro es similar al humano, “cuando el jefe está descansando no se le molesta”. Por eso mismo no debemos permitir que nos interrumpa el paso, por ejemplo, si queremos pasar por el pasillo y el cachorro está tumbado en medio del paso debemos hacer que se mueva para que nos franquee el paso, nosotros sí podemos molestarle, no así al contrario. Cuando estemos descansando si el cachorro intenta que le hagamos caso deberemos ignorarle y no dar muestras de que es capaz de interrumpir nuestro descanso.

 

Finalmente debemos recordar que mostrarnos firmes ahora con el cachorro es lo mejor que podemos hacer por nuestro amigo. Aunque en ocasiones nos pueda parecer demasiado duro el mantenernos inflexibles, debemos pensar que la mejor prueba de cariño que podamos darle al nuevo miembro de la familia es proporcionarle un entorno, emocionalmente estable, dónde pueda desarrollar un carácter y un comportamiento adecuado que en un futuro nos depare una convivencia agradable a todos.

 
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